Cargando...

Posts Tagged "Paz"

Cuentos y pasatiempos de paz para la infancia

Junio 4, 2018

Crucigramas, sopas de letras, ilustraciones y cuentos hacen parte de la apuesta de Independencia Récords, una productora de contenidos artísticos, para hacer pedagogía sobre la paz en Colombia. Hablamos con los autores de dos libros que buscan que la paz dialogue con los niños.

Los niños no hablaron en medio del proceso de paz con las Farc. Tampoco lo han hecho en el proceso de paz con el Eln. No votaron el plebiscito ni han hecho incidencia en el Congreso para que se aprueben las iniciativas sobre paz. Sin embargo, hay quienes los ven como actores importantes para que en Colombia cese la guerra.

Leonardo Gutiérrez ha trabajado en varias oportunidades con niños. Además, tiene una hija llamada Juanita Libertad. Dice que por eso se le ocurrió que la construcción de paz en Colombia tenía que incluir a los niños y de ese convencimiento surgió el libro La paz de Colombia es la paz del continente para niños y niñas. Las ilustraciones y los textos fueron elaborados por Gutiérrez. “Los niños tienen que consolidar la posibilidad de un nuevo país”, asegura.

Los personajes del libro se desarrollan en medio de una guerra. Por un lado, está la “gente del maíz”; por el otro, “las personas que tienen corazón de concreto” y han perdido sus colores. “La misión del lector es ayudar a recuperar la sonrisa y el color”, cuenta Gutiérrez.

Para encontrar esos colores el camino será una tregua. “La tregua es un poco una analogía con los diálogos de La Habana”, dice Gutiérrez. La historia en ese punto da un giro porque los personajes quedan con una labor en común que es la construcción de la paz, independientemente de si eran gente del maíz o personas que tenían el corazón de concreto. “¿Y si ahora nos perdonamos, nos abrazamos y nos reconciliamos?”, dice en el libro.

Gutiérrez afirma que su generación (él tiene 30 años) creció en medio de la guerra. Tiene la esperanza que se por medio del arte los niños tengan la oportunidad de crecer en otro contexto. “Nosotros estamos sembrando semillas pensando en una nueva generación, los hijos de la paz”, enfatiza.

Pero el libro no está solo pensado para los niños, incluye a la familia.“Cualquier tipo de familia”, aclara Gutiérrez. Las páginas finales están dedicadas a ejercicios en los cuales los niños deben plasmar cómo se imaginan la paz y dejar pintada su huella como un compromiso con la construcción de un país donde no quepa la guerra.

Pero el trabajo sobre paz y memoria para niños no acaba ahí. Gutiérrez tiene pensado hacer un libro para niños con la historia de las madres de Soacha, a quienes el Ejército les asesinó a sus hijos para hacerlos pasar como guerrilleros muertos en combate. “Son los niños los que deben conocer esas historias para no repetirlas”, asegura.

Gutiérrez cuenta con orgullo que junto a él en la presentación de su libro estaba sentada Juanita Libertad, su hija de 10 años. Con más orgullo cuenta que un día la dejó en la ruta que la lleva al colegio, ella en ese momento recordó que había dejado el libro y antes de que el carro arrancara se bajó. La esperaron mientras ella sacaba el libro y se fue al colegio. Le mostró las ilustraciones y los textos de su papá a sus compañeros y a los profesores. Además, en palabras de Gutiérrez “tuvimos para hablar de paz durante una semana”.

Pedagogía sobre el acuerdo entre el Estado y las Farc

Un grupo de tres mujeres y un diseñador vieron falencias en la pedagogía sobre el acuerdo que firmaron el Estado y las Farc en el 2016. Ellas han acompañado la reincorporación desde distintos escenarios: Sindy Torres ha sido asesora de la Comision de Seguimiento, Impulso y verificación a la implementación (CSIVI), Andrea Cancelada y Vanesa Eslava han dictado talleres en el espacio territorial de reincorporación y capacitación de Icononzo (Tolima).

“La pedagogía ha sido insuficiente”, asegura Torres. Dice que, en parte, esa falencia se da debido a la falta de herramientas para que cualquier colombiano pueda acercarse a lo que se pactó en La Habana.

Basadas en esa realidad, Torres, Andrea y Eslava decidieron hacer un aporte a la implementación de los acuerdos desde la pedagogía. Así nació Paz-A-Tiempo, un libro que contiene ejercicios como sopas de letras y crucigramas que ayudan a las personas que los resuelvan a familiarizarse con el Acuerdo de Paz.

El 1 de mayo es el lanzamiento de Paz-A-Tiempo en medio de la Feria Internacional del Libro de Bogotá. “Va a ser la mitad conversatorio y la mitad taller”, dice Torres. Se refiere a que habrá algunos para que los asistentes resuelvan parte de los pasatiempos que contiene el libro.

Paz-A-Tiempo es un material apto para niños desde los 8 años. Torres afirma que no hay límite de edad para resolver los pasatiempos que se encuentran en el libro. Tanto La paz de Colombia es la paz del continente para niños y niñas y como Paz-A-Tiempo pueden adquirirse en el stand 1825, pabellón 17, de Independencia Records en la Feria del Libro.

Las autoras seguirán por el camino de la pedagogía. Torres cuenta que tienen proyectado sacar más libros, los cuales se centrarán en cada punto de los cinco que contiene el Acuerdo de paz con las Farc. Dicen que recurrirán también a otro tipo de herramientas como juegos de mesa que acerquen la construcción de paz a personas que no tienen entre sus planes leer las 310 páginas que contienen lo acordado. A las tres autoras las mueve una convicción: “creemos que la paz es posible y a través de la pedagogía vamos a lograr mayor consciencia y amor por el proceso”.

En el Caguán, el día que llegaron los libros se fueron las armas de las Farc

Mayo 31, 2018

Un excombatiente mira con nostalgia y desconcierto cómo se llevan el armamento del punto transitorio donde se encuentra agrupado para la reinserción a la vida civil, y lanza un grito que retumba en los cajones del río Pato: “No es casualidad que el día en que llegan los libros se van las armas”. Se reafirma que los libros cambian los devenires de los sujetos y de la historia violencia en Colombia.

 

“He descubierto que tras subir una montaña,

solo encontramos más cumbres que escalar” – Nelson Mandela

Cuenta la leyenda… que veinte bibliotecas rurales llegaron a los lugares más inverosímiles de la “Colombia profunda” e iniciaron procesos de lectura, escritura, reconciliación y convivencia con las comunidades campesinas y con los excombatientes de las FARC. Veinte bibliotecarios, plurales en sus prácticas, pero con un mismo espíritu de libertad para transformar las realidades del conflicto armado, se dispusieron durante el año 2017, a recorrer los parajes más abruptos de la geografía de nuestro país, para desarrollar el proyecto de bibliotecas por la paz del Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional.

De estos parajes de la ruralidad colombiana, San Vicente del Caguán, fue escenario de los encuentros y desencuentros a partir de los libros que se produjeron en las comunidades que vivieron el conflicto armado, y desde dentro de las zonas veredales transitorias de normalización de las FARC, en el primer año de implementación de los acuerdos de paz. Un reto que al tiempo despertaba los temores más comunes al pensar vivir en la periferia de Colombia, y animaba a los bibliotecarios por ser los pioneros de esta tarea titánica de saldar parte de las deudas históricas con el campesinado de nuestro país. Y es así como empezó esta aventura de libros, campesinos, escrituras, bibliotecarios, esperanzas, excombatientes, paz y reconciliación.

Cuando la biblioteca de la paz atravesó media Colombia para llegar a los paisajes montañosos de la cordillera caqueteña, encontró obstáculos propios de las desconfianzas nacidas de la no escucha ni diálogo directo con aquellos que piensan distinto. La biblioteca de la paz, frente a las instancias municipales del Caguán, a pesar del inminente contagio con los estigmas propios del departamento, de la región y de la política, sale victoriosa y encuentra el respaldo local, que la llevó a proyectar su camino hacia la ruralidad. Es así como se descubre que los libros cambian los prejuicios políticos locales sobre las regiones que han vivido la realidad de la guerra.

Cuando se llega a una vereda, Las Morras, y lo primero que se encuentra es una caseta comunal destinada para albergar la biblioteca, y que la población campesina con el mayor de los entusiasmos ha decidido que su territorio se transforme, que allí donde se debía ir a responder al llamado y a pagar la vacuna a los grupos alzados en armas, ahora se va a leer y a construir relaciones de aprendizaje colectivo, de ruptura de los silencios milenarios y de reconstrucción de la memoria histórica, la biblioteca se constituye en ese “espacio de encuentro, lugar de todos”. De esta manera se comprende que los libros cambian los imaginarios de los territorios afectados por el conflicto armado.

Cuando Robinson, un joven campesino -nieto de un amnistiado guerrillero de los años cincuenta, y colono de la región del Pato; hijo de un desplazado de la marcha de la muerte de finales de los sesenta y de una madre que espera día a día que llegue su hermano, desparecido en la guerra- opta por ser bibliotecario de la paz, y decide cargar a sus espaldas la maleta viajera llena de libros, e inicia junto con su comunidad, a abrir senderos de paz en su vereda, trayectos que por miedo a las minas antipersona fueron cerrados desde hace años. Robinson que con su voz entrecortada argumenta “La paz tiene que empezar desde los corazones de cada uno, sin importar las diferencias”, uno entiende que los libros cambian la historia de las generaciones en Colombia.

Cuando un guerrillero, decide entrar al proceso de paz, y adopta el reto de reconstruir su vida a través del servicio bibliotecario, al tiempo que busca incansablemente alternativas a la guerra y plasma su proyecto de vida elaborando un acróstico con su alias, en un taller de escritos creativos:

Kevin me hice llamar desde que entré en el partido comunista.

Empecé a luchar por lograr un país en paz.

Volví para reintegrarme a la vida civil e

Iniciar una vida nueva trabajando en la ciudad.

Nunca más volveré a la guerra”.

Y ese mismo excombatiente, mira con nostalgia y desconcierto cómo se llevan el armamento del punto transitorio donde se encuentra agrupado para la reinserción a la vida civil, y lanza un grito que retumba en los cajones del río pato: “No es casualidad que el día en que llegan los libros se van las armas”. Se reafirma que los libros cambian los devenires de los sujetos y de la historia violencia en Colombia.

Cuando el grupo de amigos de la biblioteca de Las Morras, conformado por maestros, campesinos, mujeres líderes, la junta de acción veredal, adolescentes y niños de la vereda, se reúne para planear las acciones de la biblioteca y celebrar su primer año de servicios públicos de préstamo de libros; todos, junto al fogón comparten lecturas, sueños, esperanzas de paz y reconciliación para su territorio. Cuando este mismo grupo se empodera del futuro de la biblioteca y emprende acciones de permanencia, proyección e impacto en la zona de reserva campesina, se puede concluir que los libros cambian las cotidianidades de las comunidades y su empoderamiento regional.

Cuando un bibliotecario de la paz, con su maleta viajera, se enfrenta a un público armado hasta los dientes, lleno de desconfianzas sobre la implementación del proceso de paz, y entabla un diálogo por medio de la narrativa, la lectura y el cuento, y empieza a transformar los espacios destinados a la guerra en espacios de lectura y escritos creativos, abriendo caminos para que los libros transformen los tiempos de combates por espacios de alfabetización y construcción de ciudadanía entre los excombatientes, uno alcanza a vislumbrar el poder del texto escrito, y que los libros cambian las expectativas y realidades de quienes se decidieron por la palabra y no por las armas.

En fin, cuando se es bibliotecario de la paz, y se sabe que otros compañeros viajan por las zonas rurales de Colombia en búsqueda de procesos de reconciliación y de diálogo, uno descubre que los libros han cambiado nuestras vidas para siempre, y que no volveremos a ser los mismos, pues nuestras fuerzas, vidas, sueños y esperanzas estarán ligadas para siempre con estos lugares sacros… nuestras amadas bibliotecas.

Sé parte de La Paz Querida, invita a tus amigos