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Posts Tagged "Opinión"

Ventana de Oportunidad

Junio 4, 2018

En dos semanas estaremos ad portas de los comicios que señalarán los candidatos que pasarán a segunda vuelta para definir el mandatario que dirigirá los destinos del país en el próximo cuatrienio. Eventualmente, podría definirse quién será el presidente electo.

Normalmente se piensa en las inmensas responsabilidades que le esperan al ungido, pero más importante es pensar en las responsabilidades nuestras, al definir a quién le entregamos el mandato de dirigir nuestra Nación. Vale decir, a través del voto nos hacemos dueños de nuestro destino. Así pues, resultaría irresponsable dejarnos guiar pasionalmente por la propaganda política y no racionalizar sobre la vida pasada de los candidatos, el círculo de familiares, amigos y patrocinadores, su ética, liderazgo, independencia y buen criterio, sus experiencias y logros en los sectores público y privado, al igual que la viabilidad y conveniencia de sus programas y promesas. Resultaría trivial no hacerlo así, para luego decir que nos equivocamos o que fuimos traicionados o engañados. La responsabilidad y peso de la culpa sería toda nuestra.

Lo que vemos hasta ahora son grandes ventanas de oportunidad, que podemos aprovechar o desechar. Podemos con nuestro voto señalar el camino para concretar las posibilidades de una paz justa, o podemos aceptar que ella nos quedó grande. Podemos seguir pensando en retaliación y revanchismo, o entender que la paz la hacemos todos y que no es posible lograrla sin ética, justicia y responsabilidad social. Podemos decidir que lo mejor es construir sobre lo construido, u optar por la idea de borrón y cuenta nueva. Podemos buscar alguien que nos haga el milagro, o entender que el cambio lo hacemos todos corresponsablemente como construcción colectiva, movidos por principios y valores justos y no por intereses individualistas o grupales. Aunque la política se ha hecho pasión, dejémosle campo a la razón y permitámonos privilegiar, por lo menos en el ejercicio democrático, el bien común.

Recordando el adagio alemán según el cual la mejor almohada es una buena conciencia, sugiero conversar con ella, en un proceso de reflexión individual. Perdámosle el asco a la política y comprendamos que el voto es un deber y un derecho, desafortunadamente subutilizado, pero que debemos valorar y privilegiar. Entendamos que nuestra responsabilidad no termina con acudir a las urnas, sino que es mucho más que eso. Debemos comprometernos con votar a conciencia, aceptar el resultado, así no sea el deseado por nosotros, pero mantener la coherencia con las ideas que guiaron nuestra decisión y, por lo tanto, hacer veeduría ciudadana a los actos del nuevo gobierno, para exigir que cumpla su programa y todo aquello correcto que lo llevó a la victoria, respetando siempre los derechos de la oposición y las minorías.

Durante varias décadas los procesos electorales estuvieron marcados por la violencia y las diferentes formas de combatir la guerrilla. Ahora el debate es más amplio, tal como lo sugiere la carta abierta que La Paz Querida dio a conocer en días pasados, donde se aborda la construcción de país, desde áreas como el modelo económico, el desarrollo sostenible, la soberanía, el ejercicio de la política, la tierra y el desarrollo rural, la administración de justicia, la seguridad humana y el pacto contra la corrupción.

Entendamos que en la paz están las mejores oportunidades para nuestra sociedad, para nuestras familias, para el futuro de la Nación. En lugar de propender por un país radicalizado, desarticulado y fragmentado, busquemos la cohesión nacional, porque ella es prerrequisito para el desarrollo y el estado de bienestar colectivo.

Extradición, víctimas y paz: el caso “Santrich”

Junio 4, 2018

Hace diez años, en una columna, defendí una decisión de la Corte Suprema que negó la extradición de un jefe paramilitar, pues consideré acertada su tesis de que los derechos de las víctimas de las atrocidades de ese paramilitar prevalecen frente al deber de cooperar en la lucha contra el narcotráfico. Poco después, en otra columna, critiqué la extradición de los jefes paramilitares por cuanto consideré que esa decisión implicaba que para el gobierno Uribe era más grave exportar cocaína que masacrar personas, lo cual es inaceptable. Que esos paramilitares debían rendir cuentas ante “Justicia y Paz” para conocer la verdad de sus atrocidades; y que si Estados Unidos quería que también fueran juzgados por narcotráfico, que nos enviara las pruebas para sancionarlos igualmente por ese delito.

Estos diez años han confirmado que esas tesis son acertadas, pues las extradiciones de los paramilitares han hecho casi imposible conocer la verdad de sus crímenes. Por esas mismas razones (a las cuales hay que agregar el deber que tienen las autoridades de preservar la paz), considero que Santrich no debe ser extraditado, sin que eso signifique que su eventual crimen quede impune. Si ese exjefe guerrillero cometió actos de narcotráfico después de que el Acuerdo quedó en firme, debe ser sancionado con las penas ordinarias de cárcel, que son altas, y no podrá ser elegido a cargos públicos debido a esa condena. Pero debe ser juzgado en Colombia para proteger el proceso de paz y los derechos de las víctimas de las Farc.

Presento los argumentos esenciales a favor de esta tesis, que es impopular, pero que creo que es correcta y que desarrollaré más en detalle en mi blog en La Silla Vacía.

Es cierto que el Acuerdo de Paz prevé que los guerrilleros desmovilizados puedan ser extraditados por delitos posteriores al Acuerdo de Paz. Pero dicha extradición no es obligatoria, sino que es facultativa, como lo es también frente a otros crímenes. Ahora bien, en cada caso concreto, una solicitud de extradición de un guerrillero por narcotráfico implica una tensión entre tres valores constitucionales: el deber de cooperar con otros Estados en la lucha contra el narcotráfico; los derechos de las víctimas de los crímenes de guerra y de lesa humanidad cometidos por ese guerrillero, y el derecho-deber de la paz. Si aparece que en el caso específico la extradición afecta gravemente los derechos de las víctimas y la paz, entonces debe ser negada y Colombia debe comprometerse a juzgar aquí a ese guerrillero por narcotráfico.

Esto sucede en el caso Santrich, pues la eventualidad de su extradición o de su muerte por la huelga de hambre ha generado una profunda incertidumbre en la guerrillerada, que pone en serio riesgo la reincorporación de esos desmovilizados, que podrían terminar en las disidencias. Su extradición implicaría igualmente que Santrich, quien fue un jefe importante de las Farc, no aportaría la verdad a la JEP, afectando así los derechos de las víctimas.

Creo entonces que los jueces competentes (sea la JEP o la Corte Suprema, que es un punto aún debatido) deberían negar dicha extradición, pero ordenar a la Fiscalía que investigue en Colombia su eventual delito de narcotráfico. Y en caso de que los jueces autorizaran su extradición, creo que el presidente debería negarla para proteger la paz y los derechos de las víctimas de las Farc. Es más, tal vez el presidente Santos debería anunciar que en todo caso tomaría esa decisión de no extraditar, para que de esa manera Santrich levante su huelga de hambre y dejemos que las autoridades colombianas (JEP, Corte Suprema y Fiscalía) actúen autónomamente en este caso, sin la interferencia de Estados Unidos.

ESPACIO PARA LA ESPERANZA

Junio 4, 2018

Asombra y avergüenza la virulencia de los epítetos, los infundados ataques a la institucionalidad y las campañas de desinformación en las redes sociales, de cara a los comicios del próximo domingo. Las realidades objetivas están siendo superadas por el afán electorero, dejando los intereses del país en un tercer plano. En contrapelo, no me cabe duda de que deberíamos estar concentrados en los problemas actuales del país, sus posibles soluciones y el candidato cuyos programa, antecedentes y equipo hagan más probable hacerlo realidad. Uno de esos aspectos es, sin duda, la importancia y beneficio de superar el largo conflicto armado que nos ha flagelado por más de medio siglo y sobre lo cual logramos avanzar un buen trecho, aunque parece que para buena parte de la población nacional ello no resulta prioritario, o al menos no factor incidente para sopesar los merecimientos de los diferentes candidatos. Opinaba hace cuatro años, en la columna que titule “Política, poder y liderazgo”, que para la lograr la paz debemos merecerla y que aún no hemos encontrado el crisol que nos dignifique como sociedad. Mantengo mi opinión al respecto.

Recuerdo el año 2006 cuando fui invitado por la Fundación para el Progreso de la Humanidad, FPH, a visitar sitios de Europa donde se desarrollaron batallas de las dos guerras mundiales y otras contiendas recurrentes durante siglos. Dentro de los lugares que llamaron especialmente mi atención y que influyen en mi línea de pensamiento, están los cementerios militares de Alsacia y Lorena y los relatos sobre la historia militar de estas provincias. Allí pudimos observar, tanto en cementerios franceses como alemanes, las lápidas con nombres de militares muertos en combate, cuyos apellidos indistintamente procedían de las dos regiones. Soldados de sangre francesa defendiendo intereses alemanes y viceversa. El mensaje de nuestros anfitriones y guías (entre ellos los generales franceses Patrice Monpeyssin y Jean-René Bachelet, hijo de un general héroe de la Segunda Guerra Mundial, y el Mayor de Alemania Manfred Rosemberger, entre otros), dejó clara la percepción que hoy tienen esos países sobre el absurdo de una contienda que ahora se mira como fratricida y el propósito nacional de nunca más reincidir en ese error.

Esta experiencia me lleva a pensar en generaciones venideras que miren en retrospectiva la realidad actual de nuestro país y cómo fuimos capaces de superar positivamente nuestros conflictos violentos, como esos militares europeos que orgullosamente construyen su historia. Para ello necesitaron varias guerras de mayor impacto y atrocidad que nuestro conflicto. ¿Cuánto más sufrimiento y desgracias debemos padecer para adquirir la racionalidad necesaria y construir una vida más civilizada?

Si me revisto de optimismo y esperanza, me consuelan los avances hacia la unión nacional logrados por Virgilio Barco con el M-19, el EPL, el Quintín Lame y el PRT; por César Gaviria con la Corriente de Renovación Socialista; por Álvaro Uribe con las AUC; y por el actual gobierno con las Farc. Avanzar en el cumplimiento de los acuerdos, concretar un diálogo productivo con el Eln y lograr el sometimiento de las bacrim, deben ser un propósito nacional, liderado por el próximo gobierno, y no, como algunos pudieran pensar, un perfecto imposible.

El domingo la sociedad colombiana dará un importante paso, ojalá en dirección correcta hacia la construcción de futuro. La mejor opción es hacer de ese día un punto de quiebre e iniciar una etapa de reconciliación para hacer de nuestro territorio un espacio de entendimiento y no cementerio de esperanzas.

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