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Category "Gral. (R) Henry Medina Uribe"

OPTIMISMO CRÍTICO

Junio 22, 2018

Colombia decidió. El 54 % de la población habilitada para votar concurrió a las urnas, y el 54 % de ella decidió que nuestro presidente, a partir del próximo 7 de agosto, será Iván Duque Márquez. Como opiné en columnas previas, su gestión será de particular importancia para el futuro de la Nación, dados los procesos de paz en curso, la polarización política interna, nuestros desequilibrios sociales y las afectaciones de la situación en la región, especialmente en Venezuela. Como demócratas debemos apoyar desde ya su gestión, sin renunciar jamás a la crítica analítica y constructiva, que implica criterio y capacidad de forjar entendimientos. Lo que podríamos llamar, Optimismo Crítico.

Existen varios motivos para sentirnos satisfechos con los resultados: se logró la máxima votación de nuestra historia; la situación de orden público fue la mejor, respecto a cualquier contienda previa por la presidencia; se avanzó en la clarificación de límites ideológicos entre la derecha, el centro y la izquierda; y los debates superaron el esquema único de la violencia, para considerar aspectos como las reformas a los sistemas político, educativo y de justicia, la implementación de los acuerdos de paz, la tributación, el respeto del ecosistema, el narcotráfico y las relaciones internacionales.

Además de lo anterior, vale la pena resaltar el notorio avance en cuanto al respeto a la vida de los aspirantes a la presidencia y líderes políticos, independientemente de sus creencias y convicciones. En Colombia, durante el siglo pasado, tuvimos una luctuosa historia al respecto: Rafael Uribe Uribe fue asesinado en 1914, Jorge Eliecer Gaitán en 1948, Jaime Pardo Leal en 1987, Luis Carlos Galán Sarmiento en 1989, Bernardo Jaramillo Ossa y Carlos Pizarro Leongómez en 1990, y Álvaro Gómez Hurtado en 1995. Llevamos 23 años sin que esa desgracia se repita y ojalá nunca vuelva a suceder. Desafortunadamente seguimos lamentando la muerte de líderes sociales (alrededor de 300 desde 2016). Es una vergüenza nacional, aunque con una tendencia afortunadamente descendente.

En diferentes círculos se respira un aire de satisfacción y optimismo. La atención y el debate se centran en el mundial de fútbol y en las acciones del presidente electo. En la presente semana prometió pasar la página de la polarización política y privilegiar una paz creíble, con verdad, justicia, no repetición y supervisión internacional. Eso lo podríamos denominar como gobernar para un cambio constructivo, que es lo que buena parte de la sociedad aspiramos y esperamos.

Desafortunadamente, lo que hemos visto esta semana en los debates del Congreso sobre el código de procedimientos de la Justicia Especial para la Paz, parece ir en dirección contraria, en cuanto genera el riesgo de incumplir compromisos de Estado, confrontar a la comunidad internacional y quebrar las esperanzas de paz de millones de colombianos. El país debe entender que todo es susceptible de ser mejorado, pero bloquear la justicia transicional, sin argumentos convincentes, puede resultar no solo irresponsable sino absurdo y catastrófico.

En medio del optimismo, los comprometidos con la buena suerte de nuestro país “debemos mantener ojo avizor sobre las cuatro esquinas de la plaza”, e insistir y persistir sobre la importancia de las minorías que buscan convencer a las mayorías para lograr el cambio social que necesitamos. ¿Cuál será la masa crítica necesaria para soltar las ataduras que nos aprisionan al pasado de violencia, venganza, odios, intolerancia e incivilidad?.

Miembro de La Paz Querida

 

EL COLOMBIANO

Ventana de Oportunidad

Junio 4, 2018

En dos semanas estaremos ad portas de los comicios que señalarán los candidatos que pasarán a segunda vuelta para definir el mandatario que dirigirá los destinos del país en el próximo cuatrienio. Eventualmente, podría definirse quién será el presidente electo.

Normalmente se piensa en las inmensas responsabilidades que le esperan al ungido, pero más importante es pensar en las responsabilidades nuestras, al definir a quién le entregamos el mandato de dirigir nuestra Nación. Vale decir, a través del voto nos hacemos dueños de nuestro destino. Así pues, resultaría irresponsable dejarnos guiar pasionalmente por la propaganda política y no racionalizar sobre la vida pasada de los candidatos, el círculo de familiares, amigos y patrocinadores, su ética, liderazgo, independencia y buen criterio, sus experiencias y logros en los sectores público y privado, al igual que la viabilidad y conveniencia de sus programas y promesas. Resultaría trivial no hacerlo así, para luego decir que nos equivocamos o que fuimos traicionados o engañados. La responsabilidad y peso de la culpa sería toda nuestra.

Lo que vemos hasta ahora son grandes ventanas de oportunidad, que podemos aprovechar o desechar. Podemos con nuestro voto señalar el camino para concretar las posibilidades de una paz justa, o podemos aceptar que ella nos quedó grande. Podemos seguir pensando en retaliación y revanchismo, o entender que la paz la hacemos todos y que no es posible lograrla sin ética, justicia y responsabilidad social. Podemos decidir que lo mejor es construir sobre lo construido, u optar por la idea de borrón y cuenta nueva. Podemos buscar alguien que nos haga el milagro, o entender que el cambio lo hacemos todos corresponsablemente como construcción colectiva, movidos por principios y valores justos y no por intereses individualistas o grupales. Aunque la política se ha hecho pasión, dejémosle campo a la razón y permitámonos privilegiar, por lo menos en el ejercicio democrático, el bien común.

Recordando el adagio alemán según el cual la mejor almohada es una buena conciencia, sugiero conversar con ella, en un proceso de reflexión individual. Perdámosle el asco a la política y comprendamos que el voto es un deber y un derecho, desafortunadamente subutilizado, pero que debemos valorar y privilegiar. Entendamos que nuestra responsabilidad no termina con acudir a las urnas, sino que es mucho más que eso. Debemos comprometernos con votar a conciencia, aceptar el resultado, así no sea el deseado por nosotros, pero mantener la coherencia con las ideas que guiaron nuestra decisión y, por lo tanto, hacer veeduría ciudadana a los actos del nuevo gobierno, para exigir que cumpla su programa y todo aquello correcto que lo llevó a la victoria, respetando siempre los derechos de la oposición y las minorías.

Durante varias décadas los procesos electorales estuvieron marcados por la violencia y las diferentes formas de combatir la guerrilla. Ahora el debate es más amplio, tal como lo sugiere la carta abierta que La Paz Querida dio a conocer en días pasados, donde se aborda la construcción de país, desde áreas como el modelo económico, el desarrollo sostenible, la soberanía, el ejercicio de la política, la tierra y el desarrollo rural, la administración de justicia, la seguridad humana y el pacto contra la corrupción.

Entendamos que en la paz están las mejores oportunidades para nuestra sociedad, para nuestras familias, para el futuro de la Nación. En lugar de propender por un país radicalizado, desarticulado y fragmentado, busquemos la cohesión nacional, porque ella es prerrequisito para el desarrollo y el estado de bienestar colectivo.

ESPACIO PARA LA ESPERANZA

Junio 4, 2018

Asombra y avergüenza la virulencia de los epítetos, los infundados ataques a la institucionalidad y las campañas de desinformación en las redes sociales, de cara a los comicios del próximo domingo. Las realidades objetivas están siendo superadas por el afán electorero, dejando los intereses del país en un tercer plano. En contrapelo, no me cabe duda de que deberíamos estar concentrados en los problemas actuales del país, sus posibles soluciones y el candidato cuyos programa, antecedentes y equipo hagan más probable hacerlo realidad. Uno de esos aspectos es, sin duda, la importancia y beneficio de superar el largo conflicto armado que nos ha flagelado por más de medio siglo y sobre lo cual logramos avanzar un buen trecho, aunque parece que para buena parte de la población nacional ello no resulta prioritario, o al menos no factor incidente para sopesar los merecimientos de los diferentes candidatos. Opinaba hace cuatro años, en la columna que titule “Política, poder y liderazgo”, que para la lograr la paz debemos merecerla y que aún no hemos encontrado el crisol que nos dignifique como sociedad. Mantengo mi opinión al respecto.

Recuerdo el año 2006 cuando fui invitado por la Fundación para el Progreso de la Humanidad, FPH, a visitar sitios de Europa donde se desarrollaron batallas de las dos guerras mundiales y otras contiendas recurrentes durante siglos. Dentro de los lugares que llamaron especialmente mi atención y que influyen en mi línea de pensamiento, están los cementerios militares de Alsacia y Lorena y los relatos sobre la historia militar de estas provincias. Allí pudimos observar, tanto en cementerios franceses como alemanes, las lápidas con nombres de militares muertos en combate, cuyos apellidos indistintamente procedían de las dos regiones. Soldados de sangre francesa defendiendo intereses alemanes y viceversa. El mensaje de nuestros anfitriones y guías (entre ellos los generales franceses Patrice Monpeyssin y Jean-René Bachelet, hijo de un general héroe de la Segunda Guerra Mundial, y el Mayor de Alemania Manfred Rosemberger, entre otros), dejó clara la percepción que hoy tienen esos países sobre el absurdo de una contienda que ahora se mira como fratricida y el propósito nacional de nunca más reincidir en ese error.

Esta experiencia me lleva a pensar en generaciones venideras que miren en retrospectiva la realidad actual de nuestro país y cómo fuimos capaces de superar positivamente nuestros conflictos violentos, como esos militares europeos que orgullosamente construyen su historia. Para ello necesitaron varias guerras de mayor impacto y atrocidad que nuestro conflicto. ¿Cuánto más sufrimiento y desgracias debemos padecer para adquirir la racionalidad necesaria y construir una vida más civilizada?

Si me revisto de optimismo y esperanza, me consuelan los avances hacia la unión nacional logrados por Virgilio Barco con el M-19, el EPL, el Quintín Lame y el PRT; por César Gaviria con la Corriente de Renovación Socialista; por Álvaro Uribe con las AUC; y por el actual gobierno con las Farc. Avanzar en el cumplimiento de los acuerdos, concretar un diálogo productivo con el Eln y lograr el sometimiento de las bacrim, deben ser un propósito nacional, liderado por el próximo gobierno, y no, como algunos pudieran pensar, un perfecto imposible.

El domingo la sociedad colombiana dará un importante paso, ojalá en dirección correcta hacia la construcción de futuro. La mejor opción es hacer de ese día un punto de quiebre e iniciar una etapa de reconciliación para hacer de nuestro territorio un espacio de entendimiento y no cementerio de esperanzas.

EL APOYO MILITAR

Febrero 23, 2018

Transcurrió la primera vuelta de los comicios para escoger nuestro próximo presidente, dentro de un satisfactorio orden democrático y el apoyo de las Fuerzas Militares. Falta conocer el contenido de los anuncios hechos por el Fiscal General sobre la “corrupción electoral nauseabunda”, para poder sacar conclusiones y poder emitir una opinión razonada al respecto.

Al final de la próxima semana tendremos la segunda vuelta. Se nos presentan dos opciones fáciles de diferenciar; una de ellas se presenta como muy probable ganadora, basada en los resultados de la justa electoral pasada y las encuestas posteriores. Ojalá con ello cese el abuso de las libertades y de la libre expresión a las cuales me refería en la pasada columna. Privilegiemos la razón sobre la pasión, y dispongámonos a respaldar con juicio crítico constructivo a quien resulte vencedor.

La Corporación La Paz Querida, organización de la sociedad civil, independiente de los poderes públicos, que trabaja por el afianzamiento de la paz dentro de una ética social fundada en la dignidad humana, dirigió el pasado lunes una carta abierta a los dos candidatos, en la cual resalta los beneficios de los acuerdos de paz, con todo y sus imperfecciones, como compromiso del Estado colombiano y del nuevo partido político, nacido de la organización insurgente. La carta reitera la importancia de cumplir lo pactado y advierte las consecuencias de no hacerlo sobre la consolidación de la paz, los derechos de las víctimas, la vida de millones de desplazados y el establecimiento de la verdad. La invitación es a construir sobre lo construido, en un esfuerzo que compromete al próximo presidente, a los mandatarios regionales, a las fuerzas sociales y a toda la nación.

Lo seguro es que el siguiente presidente no será uno más de la lista. Le corresponderá liderar la exigente transición hacia el posconflicto y, como corresponde, las Fuerzas Militares estarán involucradas en ello. Esto, me parece que está implícito en el sentido de la Doctrina Damasco, como camino hacia las concepciones de la Seguridad Humana y como oportunidad para acrecentar espacios para la técnica, la industria y la ciencia, en la línea diseñada desde los albores del siglo XVII por Francis Bacon. En alguna forma, las Fuerzas Militares han sido causa, razón y efecto del progreso.

Ello nos obliga a mirar nuestra institución castrense con ojos de futuro, apoyados en su brillante bagaje histórico. La evolución de la humanidad nos llevó de la guerra de trincheras, al comienzo de la Primera Guerra Mundial, a los aviones de combate, tanques, submarinos y bomba atómica (proyecto Manhattan), al final de Segunda Guerra Mundial. Ahora entramos a la guerra informática, la ciberguerra y la nanotecnología. Dentro de esa visión, la ética, la disciplina y la organización ejemplar de nuestras Fuerzas Militares son atributos de excepción en cualquier proyecto serio de construcción de Nación.

Yuval Noah Harari , en su libro “De animales a dioses”, pregunta: ¿qué le pasaría al ejército de Napoleón enfrentado a una división acorazada moderna?, un desastre, responde. Adelante agrega: “Si Mahoma, Jesús, Buda y Confucio fueron incapaces de erradicar el hambre, la enfermedad, la pobreza y la guerra en el mundo, ¿cómo podemos esperar hacerlo nosotros?”. La verdad es que, en el transcurso de los siglos, lo estamos haciendo.

Como corolario, de manera realista, superar las crisis que nos aquejan y lograr el mejor futuro que los candidatos a la presidencia nos prometen, es imposible sin el apoyo decidido y total de las Fuerzas Militares. Valiosa oportunidad e histórico desafío

*Miembro de La Paz Querida

 

EL COLOMBIANO

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