Cargando...

Category "Francisco Leal Buitrago"

Fuerza Pública, ¿a la deriva?

Junio 4, 2018

Desde la época de La Violencia (1946-1965), la denominada Fuerza Pública ha estado condicionada a vicisitudes políticas sucesivas: militarización de la Policía (1951), gobiernos militares derivados de confrontaciones partidistas (1953-1958), ministros de Defensa militares surgidos de la paridad bipartidista del Frente Nacional (1958-1991), carencia de una ley de defensa y seguridad, manejo improvisado del orden público, cambios del dispositivo militar a instancias de EE. UU. (1999-2001), subordinación militar proclive a la Política de Seguridad Democrática (2002-2010), crecimiento militar sostenido, proyectos grandiosos del “Ejército del Futuro” y temores gubernamentales para controlar a los militares.

Con un Estado políticamente débil –sin presencia efectiva en gran parte del territorio nacional– y con persistente oposición política, el actual gobierno logró desmovilizar la mayor y más antigua guerrilla, ya degradada. Sin dispositivo y objetivos militares orientados a controlar territorios en disputa por disidencias de las Farc, reductos guerrilleros (Eln, Epl), narcotraficantes, minería ilegal y grupos criminales, las Fuerzas Militares plantean misiones circunstanciales en esos territorios. A la vez, como rueda suelta a causa del desconocimiento por parte de ministros de Defensa civiles de los que depende (1991-2018), la Policía Nacional busca cumplir su función de seguridad ciudadana mediante una organización híbrida entre lo militar y lo civil.

Culminada la prolongada formación del Estado moderno (1648-1945), con monopolio del uso legítimo de la fuerza y función militar de defensa de la soberanía ante amenazas externas, Colombia no ha experimentado ni lo uno ni lo otro. Sin embargo, la ideología de las Fuerzas Militares persiste en tal sentido, como si el país hubiese alcanzado tales metas. Pero en realidad estas fuerzas se debaten entre la nubosidad de esa ideología, alentada con una visión de grandeza, y una mezcla de dispositivos para cada circunstancia, que buscan mantener el orden público interno, entrelazados con la Policía.

En la actual globalización han primado las amenazas transnacionales, al punto que en regiones con conflictos endémicos, como el Medio Oriente, sus ejércitos cumplen misiones destructivas, a las que se les agregan las de países externos con pretensiones de dominación y otros que luchan por mantener antiguas fortalezas globales (Estados Unidos y Rusia).

Ya es hora, pues, que Colombia acepte sus realidades históricas y las instituciones militares abandonen pretensiones de grandeza y autonomía política, respaldadas por organizaciones de la reserva activa que no dan su brazo a torcer. Así mismo, que los gobiernos asuman, sin temores y prevenciones, responsabilidades frente a la Fuerza Pública, mediante reformas, leyes y normas que permitan entender y administrar la complejidad de la realidad social, política y territorial. Todo esto sin tener dudas e interrogantes sobre sus responsabilidades, como ha sido su conducta, para lograr una modernización estatal adecuada a una nación en paz.

En la actual maraña política, atizada por diversas formas de violencia, hay candidatos a la Presidencia que podrían asumir esa tarea evadida por los gobiernos, frente a otros candidatos que lo único que les importa es seguir alimentando odios y violencias. Con esto, sus clanes, grupos y familias lograron enriquecerse y aferrase al poder, sin saber siquiera cuáles son los padecimientos de quienes enfrentan a nombre del Estado las violencias que promueven.

Sé parte de La Paz Querida, invita a tus amigos