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Ventana de Oportunidad

En dos semanas estaremos ad portas de los comicios que señalarán los candidatos que pasarán a segunda vuelta para definir el mandatario que dirigirá los destinos del país en el próximo cuatrienio. Eventualmente, podría definirse quién será el presidente electo.

Normalmente se piensa en las inmensas responsabilidades que le esperan al ungido, pero más importante es pensar en las responsabilidades nuestras, al definir a quién le entregamos el mandato de dirigir nuestra Nación. Vale decir, a través del voto nos hacemos dueños de nuestro destino. Así pues, resultaría irresponsable dejarnos guiar pasionalmente por la propaganda política y no racionalizar sobre la vida pasada de los candidatos, el círculo de familiares, amigos y patrocinadores, su ética, liderazgo, independencia y buen criterio, sus experiencias y logros en los sectores público y privado, al igual que la viabilidad y conveniencia de sus programas y promesas. Resultaría trivial no hacerlo así, para luego decir que nos equivocamos o que fuimos traicionados o engañados. La responsabilidad y peso de la culpa sería toda nuestra.

Lo que vemos hasta ahora son grandes ventanas de oportunidad, que podemos aprovechar o desechar. Podemos con nuestro voto señalar el camino para concretar las posibilidades de una paz justa, o podemos aceptar que ella nos quedó grande. Podemos seguir pensando en retaliación y revanchismo, o entender que la paz la hacemos todos y que no es posible lograrla sin ética, justicia y responsabilidad social. Podemos decidir que lo mejor es construir sobre lo construido, u optar por la idea de borrón y cuenta nueva. Podemos buscar alguien que nos haga el milagro, o entender que el cambio lo hacemos todos corresponsablemente como construcción colectiva, movidos por principios y valores justos y no por intereses individualistas o grupales. Aunque la política se ha hecho pasión, dejémosle campo a la razón y permitámonos privilegiar, por lo menos en el ejercicio democrático, el bien común.

Recordando el adagio alemán según el cual la mejor almohada es una buena conciencia, sugiero conversar con ella, en un proceso de reflexión individual. Perdámosle el asco a la política y comprendamos que el voto es un deber y un derecho, desafortunadamente subutilizado, pero que debemos valorar y privilegiar. Entendamos que nuestra responsabilidad no termina con acudir a las urnas, sino que es mucho más que eso. Debemos comprometernos con votar a conciencia, aceptar el resultado, así no sea el deseado por nosotros, pero mantener la coherencia con las ideas que guiaron nuestra decisión y, por lo tanto, hacer veeduría ciudadana a los actos del nuevo gobierno, para exigir que cumpla su programa y todo aquello correcto que lo llevó a la victoria, respetando siempre los derechos de la oposición y las minorías.

Durante varias décadas los procesos electorales estuvieron marcados por la violencia y las diferentes formas de combatir la guerrilla. Ahora el debate es más amplio, tal como lo sugiere la carta abierta que La Paz Querida dio a conocer en días pasados, donde se aborda la construcción de país, desde áreas como el modelo económico, el desarrollo sostenible, la soberanía, el ejercicio de la política, la tierra y el desarrollo rural, la administración de justicia, la seguridad humana y el pacto contra la corrupción.

Entendamos que en la paz están las mejores oportunidades para nuestra sociedad, para nuestras familias, para el futuro de la Nación. En lugar de propender por un país radicalizado, desarticulado y fragmentado, busquemos la cohesión nacional, porque ella es prerrequisito para el desarrollo y el estado de bienestar colectivo.

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