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EL APOYO MILITAR

Transcurrió la primera vuelta de los comicios para escoger nuestro próximo presidente, dentro de un satisfactorio orden democrático y el apoyo de las Fuerzas Militares. Falta conocer el contenido de los anuncios hechos por el Fiscal General sobre la “corrupción electoral nauseabunda”, para poder sacar conclusiones y poder emitir una opinión razonada al respecto.

Al final de la próxima semana tendremos la segunda vuelta. Se nos presentan dos opciones fáciles de diferenciar; una de ellas se presenta como muy probable ganadora, basada en los resultados de la justa electoral pasada y las encuestas posteriores. Ojalá con ello cese el abuso de las libertades y de la libre expresión a las cuales me refería en la pasada columna. Privilegiemos la razón sobre la pasión, y dispongámonos a respaldar con juicio crítico constructivo a quien resulte vencedor.

La Corporación La Paz Querida, organización de la sociedad civil, independiente de los poderes públicos, que trabaja por el afianzamiento de la paz dentro de una ética social fundada en la dignidad humana, dirigió el pasado lunes una carta abierta a los dos candidatos, en la cual resalta los beneficios de los acuerdos de paz, con todo y sus imperfecciones, como compromiso del Estado colombiano y del nuevo partido político, nacido de la organización insurgente. La carta reitera la importancia de cumplir lo pactado y advierte las consecuencias de no hacerlo sobre la consolidación de la paz, los derechos de las víctimas, la vida de millones de desplazados y el establecimiento de la verdad. La invitación es a construir sobre lo construido, en un esfuerzo que compromete al próximo presidente, a los mandatarios regionales, a las fuerzas sociales y a toda la nación.

Lo seguro es que el siguiente presidente no será uno más de la lista. Le corresponderá liderar la exigente transición hacia el posconflicto y, como corresponde, las Fuerzas Militares estarán involucradas en ello. Esto, me parece que está implícito en el sentido de la Doctrina Damasco, como camino hacia las concepciones de la Seguridad Humana y como oportunidad para acrecentar espacios para la técnica, la industria y la ciencia, en la línea diseñada desde los albores del siglo XVII por Francis Bacon. En alguna forma, las Fuerzas Militares han sido causa, razón y efecto del progreso.

Ello nos obliga a mirar nuestra institución castrense con ojos de futuro, apoyados en su brillante bagaje histórico. La evolución de la humanidad nos llevó de la guerra de trincheras, al comienzo de la Primera Guerra Mundial, a los aviones de combate, tanques, submarinos y bomba atómica (proyecto Manhattan), al final de Segunda Guerra Mundial. Ahora entramos a la guerra informática, la ciberguerra y la nanotecnología. Dentro de esa visión, la ética, la disciplina y la organización ejemplar de nuestras Fuerzas Militares son atributos de excepción en cualquier proyecto serio de construcción de Nación.

Yuval Noah Harari , en su libro “De animales a dioses”, pregunta: ¿qué le pasaría al ejército de Napoleón enfrentado a una división acorazada moderna?, un desastre, responde. Adelante agrega: “Si Mahoma, Jesús, Buda y Confucio fueron incapaces de erradicar el hambre, la enfermedad, la pobreza y la guerra en el mundo, ¿cómo podemos esperar hacerlo nosotros?”. La verdad es que, en el transcurso de los siglos, lo estamos haciendo.

Como corolario, de manera realista, superar las crisis que nos aquejan y lograr el mejor futuro que los candidatos a la presidencia nos prometen, es imposible sin el apoyo decidido y total de las Fuerzas Militares. Valiosa oportunidad e histórico desafío

*Miembro de La Paz Querida

 

EL COLOMBIANO

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